Cada tramo de esta cordillera se revela con el scroll. Las imágenes se expanden con el gesto de la mano — como abrir una ventana hacia más aire.
El aire todavía es espeso. Ríos trenzados, pasto quemado por la escarcha, la primera línea de piedra asomando al fondo.
Un lago glaciar corta el bosque a la mitad. La temperatura baja tres grados por cada cien metros que se ganan.
Termina la vegetación. Queda la piedra desnuda, el eco largo y el paso que se acorta con la altura.
La luz cambia de color. Abajo, el valle entero cabe en la palma de una mano.
El último tramo se hace sin cámara. Algunas vistas conviene guardarlas solo en la memoria.